“La poesía es una lucha constante y eso además es
luchar por uno mismo. El poeta cómodo o de cofradías no es verdadero poeta.
Siempre hay que estar proponiendo”
Por Arnoldo Ferrada
Tras tomar el transporte a las
6:00 a.m. desde la ciudad de Bulnes, en el corazón de la región del Bío-Bío, y
viajar por más de cinco horas, por fin tuve el primer contacto con Jorge Días:
una llamada por teléfono para decirme que me estaba esperando en la carretera,
fueron las primeras palabras que intercambiamos y que me terminaron por
despertar.
Al bajar del bus de inmediato
fijé mí vista en un hombre de gafas de sol, camisa y jeans que estaba de pie a
un costado de la ‘panamericana’. Lucía tranquilo y afable, y tras el saludo y
presentación de rigor, me invitó a su casa, a su refugio, a su cubil poético, a
ese espacio físico que es el mismo y que con gran astucia ha bautizado como ‘EL
GRANERO’, quizá para destacar esa despensa de vivencias de infancia, juventud y
adultez, con temáticas simples y directas que son tratadas con una pizca de
ironía que vuelve sus poemas unas historias entretenidas y con momentos de
reflexión implícitos.
Tras mostrarme el laberíntico lugar
y luego de compartir una cerveza, Días se sentó para conversar de todo, para
evocar algunos versos e irradiar esa atmósfera lúdica que despide su hogar
adornado de artilugios ingeniosos que sacan más de una sonrisa al visitante y
así deslizar su posición en la vida.
¿Cómo fue la infancia de Jorge Días?
“Tuve una vida más matriarcal,
con mi abuela junto a un bracero contándonos cuentos como un juglar. Toda esa
cantidad de historias fantásticas se quedaron en mí y, sin duda, fueron siendo
los cimientos de mi romance posterior con la poesía”.
¿Cómo fue tu encuentro con la poesía?
“Yo desde pequeño fui un
autodidacta, pero me faltó la guía, esa mano que me orientara. Claro que por un
lado, también fue una ventaja, porque me permitió ir descubriendo solo la
poesía. Al principio, todo era escribir para mi mismo, después fui comprando
libros, haciendo mi biblioteca y familiarizándome con algunos autores”.
¿Cuáles fueron tus primeras temáticas?
“Fueron cosas sencillas, me
dejaba llevar por cualquier cosa que llamara mi atención, por ejemplo, al mirar
las nubes decía: ‘ameba gigante en el cielo’ o al ver una posa de agua decía:
‘tengo miedo de caer a la inmensidad del cielo’.
“Crecí como hombre, pero
constantemente vuelvo a la infancia para retroalimentarme, como una aldea
lejana. Recuerdo que disfrutaba con mis primos y amigos, pero siempre fui el
que vio las cosas diferente, más lúdicas”.
¿Cómo se manifiesta hoy ese niño?
“Cuando uno es niño no tiene
pasado. Ahora, me sigo asombrando de las cosas, rescato el alma de ellas, lo
escondido…”
¿Qué opinó tu familia de todo eso que acontecía en tu interior?
“Cuando mi hijo estaba en el
liceo, por la primera mitad de los `90s, ahí recién comencé a mostrar mis
poemas. Yo no compartía mi poesía porque nunca se dio la instancia. En cambio
ahora es diferente, pero siempre resguardo esa soledad compañera y amiga, que
me ayuda a crear”.
POESÍA: CÁMARA DEL TIEMPO ACTUAL
¿Qué es la poesía hoy para ti?
“Encuentro poesía en todas
partes. En todos los rincones de lo material y del alma. La poesía puede llegar
a ser abstracta y también concreta. Sobre ese escenario deslizo temáticas
siempre actuales, contingentes, es decir, la poesía me mantiene conectado con
el entorno. El humor también es un elemento importante, ya que es para mí, como
poeta, lo que para el gladiador la espada”.
“Aquí te lo reflejo con un poema
de mi libro Fruto Tardío:
“Nautas
La inmensidad del mar
Para Cristóbal…
El misterio del cosmos
Para Stephen…
Todo el corazón del hombre
Para quien escribe poesía…”
¿En qué momento te sientas a crear?
“Con los años uno va adquiriendo
un oficio, hay un 10% de inspiración y un 90% de trabajo. Ahora, las temáticas
dependen de las obsesiones de cada uno. En mi caso estás giran en torno al
tiempo, al amor, la traición y el ser humano en su universo total.
“La poesía es una necesidad
fantástica: mágicas, las ideas vuelan por la cabeza y cuando llegan, llegan.
Pero es una necesidad que está incorporada en el espíritu de los poetas que
viven la poesía”.
¿Qué autores son de tu predilección?
“Soy partidario de la poesía
castellana, en la que se puede hallar a Efraín Barquero, Jorge Teillier, Delia
Domínguez, Nicanor Parra y Claudio Bertoni. Aun cuando siento que ya todo está
dicho, lo clave es hacerlo a través de tu propio lenguaje, sin traicionarse”.
¿Cómo sientes que la comunidad aprecia la poesía?
“Zurita dice que hacer poesía es
interpretar los sueños de las personas. Eso es clave, aun cuando hay gente que
no logra captar algunas cosas y eso también es respetable, pero el poeta jamás
debe extraviar su norte de interpretar emocionalmente”.
Por ejemplo, este otro poema de Fruto Tardío:
Círculo
Guardo en la niñez
Un tren y su silbido…
Un duende
Que fue parte de mi asombro.
Guardo en la juventud
Un beso imaginario
Y de mi padre, su adiós.
Atesoro en el baúl más grande
La flor de mi semilla…
El sudor de búsquedas heroicas
Los regresos que ahogó la
lejanía.
Quedará en mi vejez
La humareda de un tren que se
aproxima
Y las huellas
De un duende de ojos asombrados
Que viaja, en el último vagón”.
¿Cómo difundes tu poesía?
“Vivir aquí es un accidente, yo
siempre me dije: “tengo que salir al mundo”. Al publicar un libro, trato en lo
posible de mostrarlo por todos lados, en varias ciudades. La poesía es una
lucha constante y eso además es luchar por uno mismo. El poeta cómodo o de
cofradías no es verdadero poeta. Siempre hay que estar proponiendo, eso a la
gente le agrada. Independiente de los críticos uno tiene que seguir escribiendo
y creando”.
¿Cuál es tu relación con la vanguardia de la poesía nueva?
“Soy más amigo de los poemas que de los poetas. Lo negativo de la poesía
de vanguardia es que se olvida fácilmente y es por ello que se me representa
más como una búsqueda, siento que es la antesala para la madurez del poeta”.
¿La creación debe ser en primera persona o debe tener lejanía por parte
del creador?
“En muchas ocasiones escribo
poesía en primera persona, pero la diferencia es que no soy yo, estoy viviendo
en la piel de otro. En realidad no importa cómo se exprese, lo importante es
ser honesto y perceptivo. Allí está el talento del creador”.
“Mi mundo interno es más grande
que lo externo. Esa es mi magia, mi verdadera creencia espiritual y el motor
que me estimula todos los días”.
¿Qué otras expresiones artísticas te gustaría cultivar?
“Me encantaría trabajar la pintura,
admiro mucho a Vincent Van Gogh, Gauguin, que no podían separar al creador de
la persona como ser humano corriente. Esa es la gran razón para querer buscar
nuevas formas de expresión, el continuar profundizando en la creatividad y los
alcances de esta”.
¿Cómo te gustaría ser recordado como poeta?
Publicado originalmente en revista Observatorio Regional N°4, 2011, p 19 - 23.
Reproducida con autorización de Ediciones Investigación, Cultura y Desarrollo.
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