viernes, 30 de julio de 2021

Siempre

Siempre será bueno

Que existan buscadores de tesoros

Que sacudan

A la tierra con sus sueños.

 

Siempre será bueno

Reconocer la silueta de un Quijote

Entre el hormigueo de la urbe

Y olvidarse por segundos

De tantas alcancías…

 

Siempre será bueno

Sentir un cosquilleo en la espalda

Cuando emigran en bandadas las aves en otoño.

 

Siempre será bueno

Rescatar a nuestros duendes

Antes que se ahoguen

En el agua profunda del olvido.

 

Siempre será bueno

A pesar del ulular de las sirenas

Encontrar nuestro silencio.



© Jorge Días, del libro "Oveja Negra"

Sueños

En sueños

Viene

 

Mi verdadero

Yo

 

A recordarme

Quien soy.



© Jorge Días, del libro "Oveja Negra"

Vejez

Cuando pierdo

Las cosas

 

Culpo

 

A los viejos

Amigos

 

Del bosque.



© Jorge Días, del libro "Oveja Negra"

Los hombres solos

Los hombres solos se rodean de palomas

En las viejas plazas

Se sienten cómodos

En el silencio de las bibliotecas

Mientras los circundan ejércitos de libros.

 

Los hombres solos amasan en sus manos

La caricia que ya no existe

Y llevan en el alma una sonrisa sin labios.


Los hombres solos se hacen amigos del otoño

Para que sus hojas los envuelvan.

Creen encontrar

En las llamas del fogón nocturno

El baile de una mujer lejana.

 

Los hombres solos buscan en su propio espejo

Los rostros ya perdidos…

Y en la brumosa sirena de los vientos invernales

Voces ausentes que los llaman.



© Jorge Días, del libro "Oveja Negra"

Cambios

Perdí a Dios

En un recodo de la senda

 

Brumoso desfile de mimos

Son ahora los cristianos…

 

Y las campanas en el aire

Palomas que se asfixian.



© Jorge Días, del libro "Oveja Negra"

Otoño

Llueve…

 

Y una repentina ventolera

Arrea hojas

 

Algunas caen

En las pozas del camino

 

Y ya son barcos…




© Jorge Días, del libro "Oveja Negra"

Origen

Un cúmulo de siglos
Me trajo hasta ti, Madre.
Hombro con hombro
Los años trajeron mi semilla
Y la dejaron
En el límite preciso de tu sombra
Con la sombra poderosa de mi Padre…
Y él, como el mago más célebre
Hizo de tu cuerpo virginal y joven
Su mágico sombrero…
 
Al fondo de él
Con la delicadeza de un susurro
Dejó mi semilla madurando.
Y en el acto más grandioso
En su mejor acto, ascendí
Hacia las prodigiosas luces de la vida…
Fui desde entonces, un asombrado duende:
Escarbando en los rincones
Descifrando el pentagrama de los astros
En el rabel de las arañas.
 
Después, después mi Padre
Hizo madurar otras semillas
Otros sueños en sus ritos mágicos…
Hasta hacerse
Para siempre invisible
En su último acto.


© Jorge Días, del libro "Oveja Negra"