Manuela Vargas me retuvo
Veinte años y un día entre sus brazos
Barrotes tibios y carnoso eran ellos
Mientras su sombra poderosa
Me apartaba de soles y faenas.
Saciados los deseos
Como gato de chalet
Me olvidé de los tejados.
Amplia era su mano
Recuerdo, amplia dando y reteniendo.
Claustro perfecto para quien no quiere
Luchar por el pan de cada día era Manuela...
Pero una noche
Los benditos candados se rompieron
Fue cuando la muerte pulverizó su fortaleza.
Desde entonces permanezco en una esquina
Esperando que me enclaustre otra Manuela.
© Jorge Días, del libro "Visiones"
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